Cierre de este blog,
Pero vamos, no es un adios, es que os cito en otro lugar. Si queréis, podéis seguir leyendo a este pobre garabatista en esta dirección:
http://desdelhumilladero.blogspot.com
Os espero.
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Y de los grandes, de los de libro. Soy un “Tonto de Capirote” tal y como retrata magistralmente Paco Robles en el libro así llamado.
Y es que me gusta la Semana Santa todo el año, flipo cuando un paso cambia el sobre los pies por un costero, alucino con un cortejo de nazarenos bien formado, entro en éxtasis al paso de una cofradía de silencio, cuando el ídem se hace sepulcral a su alrededor en estos tiempos tan bulliciosos y poco dados a la reflexión y a la meditación.
Y no tengo bastante con siete días, necesito toda una Cuaresma y pico previa y después buscar procesiones extraordinarias y de gloria, ir de besamanos. Veo videos de cofradías en la oscuridad de mi salita de estar quemando incienso, necesito comer torrijas de tanto en tanto, ya sea en Punta o entre polvorón y polvorón, y lo que es más grave, no puedo evitar pensar “ya queda menos para matarlo” cuando veo un portalito de Belén. Lo reconozco yo, como tantos otros, soy un caso perdido.
Y es que en vez de alegrarme me pongo melancólico el Domingo de Resurrección y hasta me pongo de mala leche cuando me felicitan la Pascua. Cuando miro por encima del ropero y veo allí, aparcado hasta que Él quiera, mi viejo capirote cogiendo polvo con el costal que lo ha sustituido unos años, siento un no sé qué por dentro. Ahora, por ejemplo, me vienen recuerdos de noches de invierno, cuando un grupo de amigos, de compañeros, sacamos a pasear unas estructuras de hierro (o madera, que para el caso es lo mismo) a la espera que se conviertan en pasos el Día, sí, el Día, el Día en mayúsculas, que siempre es radiante, luminoso, especial, único. El Día que la ciudad nos presta calles y plazas para gritar de ese modo tan especial lo que somos y lo que sentimos y se lo queremos contagiar a nuestros conciudadanos, y entonces nos dirigimos al corazón de la ciudad para allí renovar ese ritual en el que, entre otras cosas y como cada año, nos entregamos a ella, a nuestra ciudad, desde los barrios más cercanos o más lejanos, que eso da igual.
Sé que muchos no nos comprenden, que algunos nos critican y hasta unos pocos nos insultan. No voy a pedirles que se pongan de este lado, no serviría de nada. Pero como cada uno es como es, y en la tolerancia está la base de toda convivencia. Además, los pueblos han de seguir fieles a su legado, ya que los que carecen de tradiciones carecen de esencia, de alma, no se reconocen a si mismos, quizá por aquello de que quien ni mira a su pasado no es capaz de vivir el presente ni de preparar el futuro.
Y otra vez seremos los “capillitas” quienes veamos a otras usar y disfrutar de los espacios comunes que nos ofrece la ciudad, en manifestaciones y vivencias diversas, que a lo mejor ni comprendo ni entiendo. Pero a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga.
Para terminar, una frase a propósito de estos tiempos que nos han tocado vivir y que oí el otro día en televisión: “Si quieres ser global, primero habla de tu aldea”.
Anteayer me sorprendió la triste noticia de mi amigo y maestro Antonio Cabezas. La verdad, no sé que decir de él. Por mi dejadez, sólo nos veíamos en verano, en Punta, más concretamente en su casita del Cerrito, cerca de la Iglesia de Lourdes, donde he tenido las mejores tertulias que recuerdo. Sus palabras siempre tenían sabiduría y calidez. Llegaban muy hondo, incluso cuando no estuviesemos de acuerdo en algo, que eran las menos veces, porque tenía la extraña capacidad de convencer sin mucho esfuerzo. Tal era la fortaleza de sus convicciones y la amabilidad de sus gestos y palabras.
Originalmente publicado en el periódico El Fantasma del Conquero nº 3 (Marzo de 1999)
Habiendo visto como se mueve la “tele cofrade” onubense por dentro y por fuera, una breve reflexión. ¿Por qué hablar de algo tan hermoso se puede convertir a menudo en sórdido y hasta repugnante?
Esto viene a propósito del lamentable espectáculo que viví en una conocida emisora local en el programa “semanasantero” que cerraba el año cofrade, cuando, sin venir a cuento, se produjo una lucha tan dialéctica como encarnizada, entre el máximo responsable de nuestras cofradías y un antecesor suyo, en el que los únicos argumentos que recuerdo son los dineros logrados por uno y otro y el archimenido de los horarios del Jueves Santo y Madrugá.
Sentí vergüenza ajena, aburrimiento y, sobre todo, mucha pena. No es que no se deban tratar temas controvertidos relacionados con la Semana Santa, es que de tratarlos debe hacerse cuando sea imprescindible, con la máxima delicadeza y, entiendo yo, evitar este tipo de situaciones desagradables. Por ejemplo tocando los puntos de vista divergentes por separado y que los espectadores se encarguen de sacar sus propias conclusiones habiendo conocido tranquilamente todos los argumentos. Los cofrades estamos en el punto de mira de demasiada mala gente en nuestra Madre Iglesia y en la sociedad en general, como para encima pecar de imbéciles y regalarles argumentos en contra nuestra.
Pero lo peor es que el “chou” gustó a no pocos “aficionados” a los pasos. Parece que sea lo que se quiere. Ellos sabrán. Yo, como ya estoy aburrido de todo esto, mejor me voy quitando de en medio que mi tiempo es demasiado valioso para perderlo haciendo el tonto. Si esas son las reglas del juego, mejor me quedo leyendo un tebeo de Pafman, que perderé el tiempo igual pero por lo menos soltaré varias carcajadas la mar de a gusto.
La Hermandad de Culto y Apostolado del Dulce Nombre de Jesús y Cofradía de Penitencia del Santo Cristo de la Misericordia y María Santísima de la Concepción cumple estos días su XXV aniversario fundacional. Fue el 20 de diciembre de 1982 cuando Rafael González Moralejo, entonces obispo de Huelva, firmó el decreto de erección canónica a esta cofradía de la Madrugá onubense.
Con tal motivo, el pasado 5 de noviembre presentaron un cartel conmemorativo y este jueves celebraron una solemne misa pontifical en su capilla de la calle Rábida presidida por el obispo diocesano, monseñor don José Vilaplana Blasco.
Han sido veinticinco años de intensa vida cofrade no exenta de vicisitudes. Muchas han sido las sedes por las que ha pasado la cofradía en estos años. Se creó con el objetivo claro de recuperar para la ciudad el templo de la Milagrosa, parte fundamental del patrimonio onubense entonces en serio peligro de desaparecer para siempre,desde donde salieron en su primera Estación de Penitencia por las calles de Huelva a pesar de encontrase en ruinas. Entonces su sagrado titular, el Cristo de la Misericordia, iba portado a hombros en unas parihuelas.
Pasaron varios años de estancia en la iglesia conventual de las Agustinas desde donde salían, todavía con su Cristo a hombros, hasta que al fin pudieron estrenar paso, pasando entonces a la Merced, ya que la Iglesia agustiniana no reunía entonces las condiciones para que pudiera salir un paso. De allí regresaron a una restaurada Iglesia de la Milagrosa en 1995, uno de los momentos más importantes en la breve Historia de esta cofradía. Allí permanecieron hasta que en 2004 labraron capilla propia en la calle Rábida, junto a la Iglesia que los vio nacer, teniendo al fin un hogar seguro tras tantos años de peregrinaje.
Hace unos días, un tal Vidal-Quadras saltó en una tertulia radiofónica a insultar gratuitamente a Blas Infante porque sí, porque le dió la gana, sin más razón que el visceral desprecio que este buen señor debe sentir por aquello que no le gusta, entiende ni comprende.
Pero no es de extrañar tal comportamiento si tenemos en cuenta el espectro político al que pertenece y el ambiente político en que suele moverse el pobre. Un españolismo rancio en madio de un catalanismo aun más rancio y excluyente. Sin duda en su desconocimiento debe creer que la figura de Infante es equivalente a la de, no sé, quizá Companys o el Carod que le debe atormentar.
Lo que no pudo tener en cuenta el tal Quadras es que el andalucismo que propuso Infante nada tuvo de excluyente. Presentó una idea de “nacionalismo” -por denominarlo de algún modo- o “regionalismo”, como prefieran, no exclusivista, sino internacionalista, universalista. No inspirado en el principio de nacionalidades como el catalán, vasco o español que representa el tal Quadras, sino cultural, historicista, el de los hijos de una tierra, Andalucía, en la que nadie es forastero. Así pienso que lo vio Infante.
Si nos acercamos a los corrillos semanasanteros de esta Huelva nuestra, no se pueden ignorar las opiniones de no pocos cofrades que opinan que esta Hermanad necesita algunos cambios que la lleven a madurar y a consolidarse en la Semana Santa de Huelva en general, y en el barrio de La Orden en particular.
Se refieren estos comentarios a la idoneidad de modificar nuestro hábito penitencial para darle más seriedad al cortejo; a la necesidad o no de un cambio en el día en que hacer nuestra Estación de Penitencia para evitar los problemas que supone salir en la Madrugá del Viernes Santo y de paso lograr involucrar a un barrio poblado en gran parte por personas provenientes de otras localidades cercanas a las que regresan en vacaciones; o también sobre la conveniencia o no de sacar en procesión a Nuestra Señora de los Dolores cada 15 de Septiembre, debido al gasto económico que supone a nuestras mermadas arcas y la escasa acogida que hoy por hoy tiene este culto externo en la feligresía.
No es este un debate que haya pasado desapercibido en el seno se nuestra Hermandad. No es ya sólo algo que dicen algunos de los “enteraillos” que pululan en torno a nuestra Semana Santa y que a falta de mejores argumentos o de algún chismorreo hablan de cualquier cosa, o de personas bastante cultas y muy conocedoras de la Semana Santa, pero ajenos a Nuestra Hermandad. Éste es un debate que ya ha calado entre nuestros hermanos y en el que debemos posicionarnos, cuanto antes, para buscar entre todos lo mejor para Nuestra Hermandad, sin dejarnos influenciar por planteamientos que nada tienen que ver con Nuestra Hermandad, pero tampoco dejarnos llevar por el sentimentalismo de todo lo que llevamos vivido en Nuestra Hermandad hasta ahora, que no es poco. Simplemente tenemos que reflexionar sobre lo que es mejor para nuestra hermandad y el porqué, profundizar en las razones que nos lleven a tomar una postura u otra, sopesar todas las ventajas e inconvenientes.
Remontándonos a los orígenes de Nuestra Hermandad, ésta empezó a gestarse por la ilusión y el esfuerzo de un grupo de chavales de Nuestra Parroquia, algunos de los cuales no forman parte de Nuestra Hermandad en la actualidad, en torno al incombustible Juan Candón. Nuestros fundadores compartían dos características comunes: la primera, y principal, la enorme devoción al Cristo del Perdón, y segundo: que ninguno de ellos se movían anteriormente entre cofradías, y por tanto no conocían como se hacen las cosas en Semana Santa. Este desconocimiento provocó que, a pesar de que querían todo lo mejor para Nuestra Hermandad -nadie puede dudarlo-, cometieran algunos errores que aún hoy día pueden verse en nuestra Cofradía.
Lo que sí tenemos que tener absolutamente claro todos los Hermanos del Perdón es que si se producen cambios en esta, Nuestra Hermanad, estos se llevarán a cabo porque nosotros lo decidamos y del modo que nosotros decidamos. Será nuestro Cabildo de hermanos, es decir, la asamblea de todos los hermanos, la que decida si nuestra Hermandad tiene que cambiar y el modo en que lo haría. No en vano es el Cabildo, y no la Junta de Gobierno ni ninguna otra instancia, la que tiene poder de decisión en esta o en cualquier hermandad, pudiendo incluso modificar los Estatutos por los que se rige si se estima oportuno y necesario.

Acabamos de celebrar nuestra Fiesta Nacional, y lo hemos hecho de la peor manera posible, metidosen una absurda guerra de banderas. Algunos, posiblemente en le creencia de poseer alguna legitimidad superior de no sé que tipo, se han apresurado a lanzar llamadas a los ciudadanos para que salgan a celebrar esta fiesta con la bandera. No sé ustedes, pero a mi me dieron la impresión que estaban dándonos permiso para usar un símbolo que es de todos, como si fueran sólo los suyos.
Los símbolos nacionales como la bandera son, y deben ser, de todos. En cualquier país democrático y plural -y España lo es- se usan con toda naturalidad. Por toda Europa y América se usan las banderas sin la menor connotación peyorativa. Y sin embargo en España, por patrimonialismo de unos y dejadez de otros, es poco menos que imposible. Por desgracia, unos y otros están pervirtiendo su uso y disfrute.
Nunca he sentido necesidad de tener una bandera, no tengo siquiera una de esas que regalan de promoción del Recreativo. Pero ante este panorama, cada vez siento más la necesidad de autoreivindicarme como español, de lucir la bandera, una bandera que no sólo nos representa a todos, además simboliza la libertad e igualdad que disfrutamos en España desde hace treinta años, y que debemos procurar que sean muchísimos más.
Quizá por esto último hay cuatro majaras tratando de emponzoñar la convivencia no queriendo que la bandera española ondee en los edificios públicos, porque estos cuatro tarados no creen ni en la libertad ni en la igualdad, ni en la paz. Si pudieran, probablemente harían todo lo posible por recortarlas. Y es que para esos cuatro locos peligrosos, sus particularidades, por más basadas que estén en pequeñas peculiaridades y casualidades históricas, por más que quieran justificarlas en una visión sesgada y manipulada de la Historia, les hacen creerse con derecho para situarse por encima de los demás, sólo por ser de un determinado territorio, como si nacer acá o acullá pudiera dar más derechos.
Para su desgracia y la nuestra, están obcecados en que no todos somos hijos de Dios, o que los naturales de su terruño son más hijos que el resto, que debemos ser los primos. Y lo peor es que hay quien se lo cree (snif).
Empezó siendo la mejor, y ya no está.
Así podría resumirse la situación de Teleonuba, la que durante muchos años ha sido un referente en la comunicación en Huelva, la primera televisión local que apostó claramente por la calidad y por difundir su señal de manera que llegara lo más nítidamente posible a la mayor parte de los onubenses. De hecho, fué la primera televisión local que pudimos sintonizar en nuestros televisores a pesar de la existencia de otras emisoras previas en la misma capital.
Aquello fué una pequeña revolución en mis años de instituto. El nacimiento de la nueva tele, y una tele que fuera nuestra, de Huelva. Unos comienzos que, como todos, debieron ser difíciles, ya que a pesar de la superioridad manifiesta en calidad y contenidos, empezó sin un local donde ubicar sus estudios. Recuerdo que la emisión empezaba a las ocho de la tarde con dibujos animados, el informativo que debía hacerse en algún despacho del Huelva Información y sus reportajes, reportajes de Huelva, lo nuestro, lo más cercano, en los que nos veíamos reflejados todos.
Luego llegaron los programas a media tarde con Jesús María García Hueto que tan buen sabor de boca nos había dejado en Canal Sur Radio, y que luego superó en aquel plató de la Ciudad Deportiva hasta que por fin llegaron los propios en el polígono La Esperanza.
Aquella Teleonuba competía sin complejos con otras televisiones de ámbito nacional o autonómico. Su programación rezumaba calidad. Revolucionó no sólo la comunicación, fue un revulsivo para la sociedad onubense y sus manifestaciones artísticas, culturales o festivas, con el seguimiento que de estas hacía, retrasmisiones ¡EN DIRECTO! incluídas.
Pero aquello -desgraciadamente- pasó. No supo, no pudo o no la dejaron, sobrellevar baches y los nuevos dueños la han condenado al silencio y, me temo, al olvido. Los últimos tiempos han sido un desastre, prácticamente sin programación propia ya y con una plantilla reducida, prácticamente abandonada por sus patrones que, en un enfrentamiento realmente duro, ha llevado a sus jefes a cortar las emisiones y a los empleados a encerrarse en la sede de la empresa para reclamar los salarios que aún les deben y, lo que es más grave, por el temor a que desmantelen las instalaciones por la puerta de atrás.
Desde este pequeño blog sólo puedo mostrar mi solidaridad con los trabajadores de Teleonuba. Espero que puedan ver la luz al final del túnel en que otros han convertido su futuro. Dado que parece irremediable el cierre de esta tele, espero que al menos no salgan perjudicados. Ah, y a quien corresponda, deberían preocuparse por salvar la hemeroteca que atesora, archivo histórico audiovisual de la reciente Historia de nuestra ciudad.