Friday, November 3, 2006

Todos los Santos

En estos días pasados celebramos la festividad de Todos los Santos. Fiesta en la que tradicionalmente recordamos a nuestros antepasados, al menos a los más cercanos, a nuestros seres queridos que ya dejaron este valle de lágrimas. O como dice un amigo mío, los que dejaron de fumar definitivamente.

Esta celebración es todo un acontecimiento social y familiar. Acudir a los cementerios a pasear, visitar las sepulturas familiares y de paso limpiar un poco la mugre acumulada en un año y ponerles unas flores. O por lo menos hasta no hace tanto tiempo era así, ahora parece que dé pereza ir o que los muertos molesten. Precisamente hace hoy una semana emitieron un debate muy interesante sobre este tema en CNH-Canal Noticias Huelva bajo moderación del doctor Eduardo Fernández Jurado, en el que, creo, destacaron las intervenciones de Rocío López, una joven humanista onubense con formación psicológica que está trabajando, precisamente, sobre la muerte.

En esta sociedad tan rápida y cambiante en la que hasta mi generación recuerda que las cosas eran antes de otra manera; se está pasando del respeto a la muerte a un miedo atroz. Hoy día se trata de alejarse de ella lo más posible, como si fuera posible eludir este inevitable trance, y lo único que se consigue es adquirir una incapacidad crónica para afrontarla. Cada vez nos es más difícil hacer frente a la pérdida de un ser querido y aun más ayudarle en sus últimos momentos para hacérselos lo más llevaderos posible. Ya no se ayuda a bien morir, haciendo todavía más difícil la situación al moribundo ya que a todos sus males se le une el peor de los posibles: la soledad.

En esta sociedad hedonista y egoísta que estamos construyendo, sólo vale una cosa, el YO, un yo en mayúsculas, descomunal, un yo siempre joven, siempre bello y hermoso, aunque cada vez más débil.. Se pretende que se estime por encima de todo la diversión, el aquí y ahora, un poco como el cuento de la cigarra y la hormiga, sólo que al revés. Pero encima estamos en un mundo en el que se quiere dejar de lado lo antiguo, nuestra cultura, nuestros valores que heredamos de nuestros mayores y conforman nuestra identidad y nuestra forma de ser. Todos igualados, pero por debajo, todos clónicos. Un ejemplo de esto, como cada año menos personas –sobre todo niños y jóvenes- van al cementerio a visitar a sus seres queridos, y cada vez son más los que celebran la chabacanería esa del “jalovuín”.

Posted by Juan A. Sánchez at 23:09:04 | Permalink | Comments (1) »