Todos los Santos
En estos días pasados celebramos la festividad de Todos los Santos. Fiesta en la que tradicionalmente recordamos a nuestros antepasados, al menos a los más cercanos, a nuestros seres queridos que ya dejaron este valle de lágrimas. O como dice un amigo mío, los que dejaron de fumar definitivamente.
Esta celebración es todo un acontecimiento social y familiar. Acudir a los cementerios a pasear, visitar las sepulturas familiares y de paso limpiar un poco la mugre acumulada en un año y ponerles unas flores. O por lo menos hasta no hace tanto tiempo era así, ahora parece que dé pereza ir o que los muertos molesten. Precisamente hace hoy una semana emitieron un debate muy interesante sobre este tema en CNH-Canal Noticias Huelva bajo moderación del doctor Eduardo Fernández Jurado, en el que, creo, destacaron las intervenciones de Rocío López, una joven humanista onubense con formación psicológica que está trabajando, precisamente, sobre la muerte.
En esta sociedad tan rápida y cambiante en la que hasta mi generación recuerda que las cosas eran antes de otra manera; se está pasando del respeto a la muerte a un miedo atroz. Hoy día se trata de alejarse de ella lo más posible, como si fuera posible eludir este inevitable trance, y lo único que se consigue es adquirir una incapacidad crónica para afrontarla. Cada vez nos es más difícil hacer frente a la pérdida de un ser querido y aun más ayudarle en sus últimos momentos para hacérselos lo más llevaderos posible. Ya no se ayuda a bien morir, haciendo todavía más difícil la situación al moribundo ya que a todos sus males se le une el peor de los posibles: la soledad.
En esta sociedad hedonista y egoísta que estamos construyendo, sólo vale una cosa, el YO, un yo en mayúsculas, descomunal, un yo siempre joven, siempre bello y hermoso, aunque cada vez más débil.. Se pretende que se estime por encima de todo la diversión, el aquí y ahora, un poco como el cuento de la cigarra y la hormiga, sólo que al revés. Pero encima estamos en un mundo en el que se quiere dejar de lado lo antiguo, nuestra cultura, nuestros valores que heredamos de nuestros mayores y conforman nuestra identidad y nuestra forma de ser. Todos igualados, pero por debajo, todos clónicos. Un ejemplo de esto, como cada año menos personas –sobre todo niños y jóvenes- van al cementerio a visitar a sus seres queridos, y cada vez son más los que celebran la chabacanería esa del “jalovuín”.
Así es, amigo, resulta que nosotros celebrábamos “jalogüin” y en nuestra ignorancia creiamos que era “Tosantos”…
No nos debe extrañar con tanto nombrecito como “Yenifer”, “Yonatan” (sí, lo escribo en castellano, al igual que Unamuno -qué tesón- pronunciaba el inglés con fonética castellana).
A mi, por la parte que me toca, te diré que en la enseñanza escolar actual parece que se fomenta más el conocimiento de las costumbre foráneas (que por otra parte no está mal, hasta cierto punto) y por otro lado se suele denostar las costumbres propias (Semana Santa, Rocío, Romerías, Procesiones…considerándolas como algo a extinguir, sin vida y solo como algo “folclórico”).
Cuando estuve dando prácticas en el colegio de mi pueblo, coincidió con las fiestas de mayo, y claro, los niños pues estaban revolucionaítos perdíos, pues bien, las reprimendas por parte de algunos “maestros” eran de no te menees (que si eso era cosa casi de cavernícolas, que si era propio de la incultura… y demás golosina del desconocimiento y de los prejuicios). Pues bien, en la noche de “Tosantos” (me niego a llamarla Jalogüin) pasado, salieron un viaje de niños disfrazados de monstruos armando jarana por las calles y revoleando huevos y haciendo el gi——as, yo le pregunté a uno de ellos que por qué celebraban eso y me contestó: ¡¡¡¡LA MAESTRA DE INGLÉS!!!
Pienso que a partir de aquí sobran más comentarios por mi parte de tu artículo.
Saludos
Pd: perdona las faltas de ortografía y concordancia, pero es que llevo prisa, jeje