¿Qué es Religiosidad Popular?
Publicado en Ramillete de Olivo, boletín cultural e informativo de la Hermandad del Perdón. Cuaresma de 2003
La forma de vivir el pueblo su fe, la que ha heredado de sus mayores y la que desea transmitir a sus hijos. Así creo yo que, a grandes rasgos, se puede definir este fenómeno que se pierde en la noche de los tiempos, cuando la gente de las primitivas civilizaciones ya tenían su peculiar modo de relacionarse con la divinidad, estuviera fomentada por las autoridades civiles y religiosas en su beneficio, o fuera vista por estos como un riesgo para sus intereses.
Pero hoy día, ¿qué es la Religiosidad Popular?. Desde luego no una secta cerrada donde sus miembros se ciegan a si mismos para no ver más allá de donde sus jefes les digan que tienen que ver. La Religiosidad Popular es un modo de sentir, vivir y manifestar una fe en la que caben todos aquellos que, compartiendo unas creencias, quieran incorporarse, sin distinción de edad, sexo, ni de situación social, ni económica, ni intelectual… En ella todos pueden aportar algo, desde su esfuerzo hasta una idea, pasando por dinero, lo que buenamente se pueda y se comprometa a dar, tanto para el necesario sostenimiento económico como para su labor de caridad.
Un ejemplo de esto que digo son nuestras Hermandades y Cofradías, ¿qué no?, pues levanten las caídas de un paso cualquiera, echen un vistazo a los costaleros y después traten de buscar características comunes a todos ellos. Casi con toda seguridad, salvo el amor a sus Sagrados Titulares, no encuentren ninguna. Bajo las trabajadoras se encontraran desde obreros en paro hasta profesionales liberales e intelectuales, cada uno con una vida distinta, simplemente, porque Dios le ha dado a cada uno un lugar diferente en la vida.
Hay quien critica a las hermandades que la fe que viven, sienten y divulgan resulta algo simple, incluso dicen que es primitiva. Pero dicen esto sin tener en consideración que precisamente ahí radica su fuerza. Piensen por un momento en una señora que, sin ir frecuentemente a misa –no quiero justificarlo-, no falta cada año a acompañar a su Cristo y a su Virgen, caminando tras su paso. ¿Se dejará tentar esta señora por el bombardeo constante y continuo de mensajes antirreligiosos –o incluso sectarios- que padecemos hoy en día?. Sin duda la respuesta es no, ya que sus Sagrados Titulares siempre estarán presentes en su vida.
Pero alguien podrá alegar que una fe así es una fe aborregada. En absoluto, es sencilla, eso sí, pero nunca aborregada. Tampoco es sólo una cuestión puramente sentimental. Una fe así requiere ser consciente de lo que se está celebrando. Acompañará a su Cristo y a su Virgen para, por unas horas, compartir el dolor que llevará a la alegría de la Resurrección, con su alegría por haberlos acompañado un año más.
La crítica, si es constructiva, siempre es bienvenida. Así que, como reflexión, podríamos concluir que la fe popular es una fe simple que necesita completar su firmeza con una adecuada formación. Esto, por supuesto, es imprescindible, pero para ello es necesario el esfuerzo de todos.