Tuesday, May 15, 2007

30 años de la reanudación de relaciones España-México: Un capítulo poco estudiado de la Transición española (por Marcos Marín Amezcúa)

La reanudación de relaciones diplomáticas entre España y México, ocurrida el 28 de marzo de 1977, hace ya treinta años, se inscribe en el marco de la Transición española y dentro de un, según parece, poco estudiado capítulo de política exterior de este periodo, asignatura las más de las veces no vista más allá de la insistente mirada española puesta en la entrada a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Conviene pues recordarlo: En el rubro de política exterior española, también se produjo una transición, caracterizada por un cambio sustancioso de mentalidad y de intereses a defender por parte de España, que involucró, como un rubro a destacar, una política de acercamiento hacia México; un tema que se ha quedado un poco de lado y es pertinente recuperar para la memoria compartida hispanomexicana.

 

En efecto, tras la muerte de Franco en 1975 y el cese de su régimen, España apostó por actualizar su agenda diplomática; acción necesaria para modernizar su propia visión del mundo, tras un aislamiento poco a poco remontado pero siempre profundo, en que estuvo inmersa tras la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial; aislamiento muy marcado al momento de morir Franco. En ese marco de transformaciones a que se sometió España, se produjo la reanudación de relaciones diplomáticas con México, un gesto de gran significado para ambos países y con una trascendencia formidable en el contexto iberoamericano.

 

Es probable que tal reanudación de relaciones se inscribiera en la revitalización general de ellas, caracterizadas por gestos significativos como el deseo expreso del Rey Juan Carlos I por acercarse a Iberoamérica, manifiesto desde su primer viaje a la región (Ocurrido en 1976), el primero oficial efectuado por un monarca español a la América hispana desde 1492; y que en particular, el acercamiento con México se trató de un acto que no era ni es poco ni está sujeto sólo a retórica o formulismos, pues no era uno más en una agenda, tal como podría entenderse así en nuestro tiempo o pudiera verlo así quien no sea español o mexicano, pudiendo extrañarse por la insistencia en ese asunto, expresado de manera permanente y alrededor de este trigésimo aniversario, pues la ruptura fue profunda. Esto es importante mencionarlo a quienes nos leen y no son ni mexicanos ni españoles.

Sí en cambio, fue un acercamiento sujeto naturalmente a los procesos internos desatados durante la Transición española misma, que condujeron al unísono a tomar medidas tales como la inserción de España en la CEE, en la OTAN o incluso, con el restablecimiento de relaciones con la Unión Soviética o el contacto oficial con Israel, eventos sucedidos a lo largo de la siguiente década tras el final de la dictadura. Asimismo, al otro lado del Atlántico, por la parte mexicana se hallaban la imperiosa necesidad de revitalizar unas relaciones perdidas, el seguimiento a los cambios políticos ocurridos en España desde noviembre de 1975 y la coyuntura favorable del inicio del gobierno del presidente López Portillo, en diciembre de 1976 (Proclive en su persona, a lo español), que animaron a ese posible acercamiento, que ofrecían en conjunto la oportunidad de efectuarlo.

 

Tal aproximación no era menor, pues suponía un reencuentro con el pasado inmediato, doloroso y complejo, en el marco de relaciones estrechas, acompañado con un generoso deseo de reactivarlas en lo diplomático, si bien se trataba de unas relaciones entre dos países que, desde 1821, tuvieron muchos altibajos y desencuentros (Que son todo un capítulo interesantísimo de historia diplomática).

 

En su momento, Octavio Paz destacó __con un entusiasta sentido de oportunidad__, que la reanudación de relaciones diplomáticas entre España y México, era el esperado reencuentro de dos viejas amigas que mucho tenían que contarse. Y así sucedió. En tres décadas se ha recuperado por mucho el tiempo perdido y no pueden pasar desapercibidas las muy fluídas relaciones entre ambos países. España tiene en México un interlocutor de altura y su principal socio en Iberoamérica (16 mil millones de dólares invertidos). México inscribe a España como primer socio de entrada en la UE. Ambos son pilares complementarios de la Comunidad Iberoamericana. La dinámica como interlocutores para Europa y América Latina, respectivamente, supone una intensa relación. México posee un amplísimo Tratado de Cooperación con la UE de carácter preferente (Único en su tipo para esta región) y es el primer inversor de Iberoamérica en España. En el derecho internacional mexicano, el tratado de extradición con España es de los más completos (Con miras a combatir células terroristas que opten por refugiarse en México y también ha servido para cazar políticos corruptos que se fugan a España, quizás míopes de la existencia de tan eficaz instrumento).

 

Cabe reparar en el origen de la ruptura, causada por el triunfo militar del General Franco en 1939, y la respuesta de apoyo a la Segunda República seguida de un copioso exilio a México, que apostó desde allí por regresar, tras la muy deseada caída del Generalísimo. Pero al mismo tiempo, esa reanudación del ‘77 no se quedaría en el recuerdo o el reproche velados, sino que suponía oportunidades y un futuro amplísimo en la medida en que ambas partes quisieran extenderlo, como afortunadamente ha venido sucediendo. Ambas partes se saben y se reconocen en la otra. Y ese es el triunfo alcanzado en esta reanudación.

 

Como se ha mencionado, el origen de esa larga ruptura provino del apoyo abierto prestado por el presidente Cárdenas a la derrotada Segunda República Española (Armas, dinero, hombres, respaldo diplomático, asilo y hasta la arenga del día de la Independencia de 1937, en que el presidente Cárdenas vitoreó a la República desde el Palacio Nacional de México), al considerar ilegítimo el pronunciamiento del 18 de julio de 1936 que marcó el inicio de la cruentísima Guerra Civil española (1936-1939); considerando que se atentaba contra un gobierno electo, muy valorado desde 1931 pues, además de republicano, en mucho sentíase cercano a la idiosincracia republicana de la América hispana, que entusiasta lo acogió. Por supuesto, enalteciendo en ello todo un imaginario al respecto del “ser republicano”.

 

El activismo del gobierno mexicano fue manifiesto desde el primer momento. Su postura era recalcitrante y se empeoró al triunfo del movimiento nacional. Un despliegue diplomático en pro de los refugiados españoles en Francia y la alianza de México con Estados Unidos y Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, frente a una España situada en el bando contrario junto a los países del Eje, imposibilitaron una pronta reanudación de relaciones tras ese periodo y sumándose a ello la supervivencia política de Franco. Quedaba claro que mientras gobernara, sería imposible normalizar las relaciones. Encima, México acogió al gobierno de la Republica española en el exilio, así como a los gobiernos vasco y catalán también en el exilio. El aislamiento de España se encontraba con el activismo mexicano en contra el gobierno franquista, instado y atizado desde adentro por esos mismos refugiados, aún en fechas tan tardías como 1974 y desde la palestra de la ONU.

 

El gobierno de la Segunda República española en el exilio, alojado en México, supo prolongar la ruptura en tanto viviera Franco y contó para ello con los herederos del Cardenismo, dispuestos a ser fieles a la causa republicana española, justamente por serles una herencia discursiva. Es previsible que del lado español, pese a que hubo intentos de acercamiento, no variara mucho la política hacia México, planteada por las élites como venía efectuándose, en tanto se prolongara la dictadura. Ergo, como puede observarse, todos los actores vivían tirando de la misma cuerda y a su modo.

A su vez, la ruptura de relaciones diplomáticas (Que no comerciales, culturales y personales), hizo que el nombre de México casi desapareciera de la geografía española de manera muy notable (Es previsible que por consigna, a diferencia del de Argentina, por ejemplo y por razones sabidas y concretas de acercamiento al Franquismo); mas no se pudo pasar por alto la memoria del exilio, la relación formada a través de siglos de intercambio y el deseo de sectores diversos en ambas sociedades, al admitir del anacronismo por no mantener relaciones directas entre ambos gobiernos, una vez que cambiaron las condiciones políticas españolas y atemperaron las mexicanas, a mediados de los años setenta.

 

Por todo ello, cabe congratularse de que una nueva generación de españoles y mexicanos apostaran por una reanudación que ha sido altamente fructífera en absolutamente todos los frentes, desde el empresarial hasta el intercambio cultural, dejando atrás los rencores suscitados a raíz de la victoria de 1939, que dividió a los españoles y afectó a los mexicanos. El restablecimiento de relaciones diplomáticas confirmó lo que siempre se supo: Lo sucedido en ambos países nunca resulta indiferente al otro. Acaso ese conocimiento mutuo debiera profundizarse, mas no por ello denosta el actual saber por el otro.

 

Al reanudarse los intercambios diplomáticos, muchos españoles avecindados en México decidieron regresar a España, muchos prefirieron no hacerlo, incluso por razón de encontrar una España cambiada que les era un tanto ajena por lo diferente que la percibieron tras cuatro décadas de ausencia, pero en todo caso no habían perdido por ella ni su sentir de españoles ni el deseo por su bienestar y desde lejos, siguieron alimentando el deseo para que ésta prosperara. Para ellos también los logros de España en esa transición, eran sus logros. Su lejanía física no les hizo renunciar a su recuerdo. Todavía hoy existe sobre el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, una escuela primaria pública que lleva por nombre “República española”. Es curioso considerando que es sostenida por el gobierno mexicano que canceló las relaciones y la representación del gobierno de la República española en el exilio y que pasó a renglón seguido, a establecerlas con el Reino de España. Mas queda la memoria histórica, siempre insalvable, siempre presente.

 

La apuesta por el futuro guía hoy unas relaciones diplomáticas calificadas en ambas orillas del Atlántico, como inmejorables y en el mejor punto de su casi bicentenaria historia.  Más allá de tópicos, las relaciones bilaterales han sido definidas por el presidente mexicano Felipe Calderón, durante su reciente visita a España, como la de socios valiosos y confiables. En todos los ámbitos se notan los alcances de una cooperación amplísima, que cuenta con dos vertientes que, acaso, no se localizan en el resto de las relaciones de España con Iberoamérica y que cabe destacar: Por un lado, el  incremento del 135 % en los índices de intercambio comercial __Favorables a España, según se dijo en la visita a México de fines de 2005, del Ministro de Exteriores español Moratinos__ ,  y en lo humano, una relación entre ambos pueblos abierta, directa y poseedora de un lenguaje cercano, claro y sincero. En suma, que se puede expresar de frente. Ello le otorga un plus a las relaciones en todos, absolutamente todos los frentes y niveles de esta relación y las cifras y las opiniones así lo reconocen. Niveles que van desde el diplomático hasta el personal.

 

Así lo reconocía el 15 de marzo de 2007, la Subsecretaria de Relaciones Exteriores de México, durante el acto efectuado en la Casa de América en Madrid, con motivo de esta conmemoración, resaltando el insospechado alcance de esa reanudación. A los mexicanos y españoles de hoy puede parecerles normal que las banderas de ambas naciones ondeen en la embajada situada en las respectivas capitales o encuentren normales, lógicos, cotidianos o necesarios los vuelos directos entre México D.F. y Madrid. Hace treinta años era imposible. Dos generaciones tuvieron que asumir el hecho de las inexistentes relaciones diplomáticas con una tortuosa ruta obligada triangulándola vía París. Fueron relaciones que llegaron a tiempo para la globalización que hoy exige un contacto directo basado en la tecnología, la cooperación y la estrecha relación en todos los niveles. Las siguientes dos generaciones al ’77, asumen con naturalidad esa relación, hoy cercana para beneficio de ambas partes y mejorable en todos los sentidos.

 

Quedan sí pendientes por resolver, como en toda relación entre dos pueblos. La responsabilidad de que se engrandezcan las relaciones bilaterales, de que se nutran y se enriquezcan haciendo uso de todas sus potencialidades, corresponde a ambas partes. No son relaciones exentas de roces, de ponderables por atender, de reconsideraciones en sus metas y objetivos a mediano y largo plazo, pero hay una certeza: La garantía de que los planteamientos pueden hacerse de manera frontal, directa, sin ambages, siempre que medie la buena fe de los interlocutores. Cabe insistir en ese aspecto.

 

Una muestra de la certeza que mueve a tales relaciones es la siguiente: Como muchas otras cosas, episodios en común hoy están sujetos al revisionismo histórico; así, se han alzado voces (Que no vivieron el exilio del ‘39), señalando que México escogió a quién debía recibir tras la Guerra Civil. Que no hubo por lo tanto, tal altruismo a favor de los republicanos y que en realidad, una vez en México, se les negó la entrada en la sociedad mexicana. Es preciso no olvidar que en un acto soberano, México en muchos casos sí y en muchos otros no, escogió a quiénes recibir, pues la opción por México la extendió el propio gobierno mexicano y fue él, el que dispensó los medios de traslado; cabe recordar, también cómodamente y a toro pasado, que las opciones del exilio, en el estrecho margen de opciones que tenían sus protagonistas, pasaban por África sahariana, Europa del norte o la Unión Soviética, cuando la mayoría de los estados hispanoamericanos (Cuba, incluso), se negaron a extender auxilios a los republicanos. Y entonces, muchos optaron por México, que les otorgaba esa oportunidad de recibirlos.

 

Por lo demás, se suele decir en voz baja (Más o menos), que fueron los viejos residentes españoles avecindados en México (monárquicos los más, conservadores, llegados en distintas etapas y por distintos motivos a México, pero todos décadas o años antes de la Guerra  Civil),  los que sí cerraron las puertas a sus compatriotas que huían de España, acusándolos de “rojos” e instaron por muchos medios a que México no prestara la ayuda planeada para ellos, advirtiéndole que eran la causa directa de la catástrofe que vivía España al llevarla con sus ideas socialistas, a una guerra civil. Grupos conservadores mexicanos se alteraron ante tales descripciones. La memoria histórica no puede equivocarse. En consecuencia, amén de ingresar a las mejores instituciones mexicanas, los republicanos en México también crearon sus propias instituciones a falta de aceptación en los centros regionales españoles ya establecidos y no por falta de apoyo de México. En México no les faltó pan, trabajo, paz, libertad y la oportunidad de emprender una nueva vida, dejando allí su esfuerzo siempre reconocido. Finalmente años después, cierto es que en algún momento estos centros anteriores abrieron sus puertas a los recién llegados, para quienes quisieran pasarse por allí, a lo que muchos republicanos y sus descendientes, se han negado.

 

Quedan  pues, treinta años de fructíferos logros, de relaciones intensas de ida y vuelta, de redescubrimientos y de reconocimientos, reflejados no sólo en cifras comerciales, turísticas y económicas en general, sino en el número de acuerdos, de alianzas, de intercambios culturales y educativos y de una notable capacidad de diálogo. El nuevo embajador español Angúlo tiene grandes retos, pues su antecesora fue muy activa y le deja la vara muy alta; el gris y saliente embajador mexicano Jiménez Remus (lastima, pues era un brillante panista), urge que abandone Madrid, si se quiere una comunidad mexicana más activa y presente en España y no de espaldas a nuestra embajada. Tres décadas de excelentes relaciones así lo apremian y lo requieren.¿Lo sabrá la secretaría otrora en Tlatelolco y hoy situada en la flamante Plaza Juárez? Quizá.

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Friday, May 11, 2007

Elecciones Municipales

Desde hoy. Bueno, desde anoche, nuestros queridos políticos locales tienen permiso y vía libre para darnos la tabarra –aún más- mendigándonos su voto. No es que alguna vez hayan dejado de hacerlo, es que ahora pueden poner la palabra vota en sus carteles, folletines, mítines, y en todo lo que siempre andan haciendo para buscarse su sillón.

Y no es que me parezca mal la labor política. Al contrario, me parece el trabajo más noble del mundo. Ocuparse durante unos años en llevar adelante los asuntos públicos, es decir, de todos, y mirar por el ciudadano. Lo que me mosquea un rato –y bastante- es la profesionalización que se da entre nuestros políticos, muchos incapaces de vivir fuera de su cargo cual pececillo sin su pecera. Y lo que es aún peor, que miran más por los asuntos de su partido que por los del conjunto de la Ciudadanía, llenando la vida pública de crispaciones y enfrentamientos gilipollas (ups, se me escapó).

En fin, si no me equivoco ni estoy mal informado, serán ocho las candidaturas que se sometan al examen de las urnas para llegar a nuestro ayuntamiento. El PP que ya gobierna desde hace doce años son su incombustible líder (de masas) Perico Rodri; el PSOE con Parralo, que pone su foto en el cartel de su partido en sustitución de un Díaz Trillo al que tras estar en primera línea de la lucha política se va, casi sin que nos demos cuenta, con la humildad y discreción que creo le caracteriza. Una lástima, si este Hombre de Cultura hubiera llegado, estoy seguro que hubiera sido un gran alcalde para nuestra ciudad. Al menos sabemos que su sustituta esta a la altura.

Entre los partidos minoritarios, aquellos que, si llegan al pleno municipal, y caso ninguno de que los “grandes” consiga mayoría absoluta, lo que es perfectamente posible –y me atrevería a decir que deseable-, tendrán su particular lucha por asegurarles el poder a cambio de alguna contraprestación, hay bastante heterogeneidad. Por un lado los comunistas de Jiménez y por otro los nacionalistas, divididos entre el PA de Muiño y el PSA de Rodríguez Calero.

IU lo tiene a priori más fácil. Ya tienen representación municipal, aunque con otra cara, y parece que además cuentan con una bolsa de votos suficiente para revalidarla. Lo curioso es que se rumorea en los medios, vaya usted a saber si es verdad, que su candidato tiene pactado su apoyo a los socialistas si entre ambas fuerzas políticas tuvieran suficientes sufragios, y sillones, para formar gobierno. Jiménez lo niega, pero por si acaso, Perico Rodri, viejo zorro de la política, ya ha ofrecido al todavía (único) concejal comunista, Manolo Rodri, un peazo sillón, para que se lo piensen un poquito mejor.

Los que lo tienen un poquito más crudo para entrar en los plenos son los andalucistas. No tanto por estar divididos en dos partidos distintos, que quizá sea positivo, vistos los históricos enfrentamientos en su seno -aun con algunos coletazos en el viejo PA- entre sus distintas tendencias, que se desarrollen y fortalezcan por separado puede ser una solución. Parece que el nuevo PSA tiene cierta pujanza y ha apostado por una campaña fuerte. Pero decía que será difícil que llegan a nuestro ayuntamiento. Y es una lástima, de verdad, porque darían algo de aire fresco a los plenos y medios de comunicación, donde por lo menos yo me estoy cansando de escuchar lo mismo. La verdad es que estos partidos, con sus divergencias y eso, me caen bien, me simpatizan, y me gustaría ver por lo menos a uno en los plenos y debates de las teles, a ver si con responsabilidades son capaces de dar un discurso más ó menos nuevo, que se aleje un poco del pues tú mas de pepitos y sociatas.

También tenemos dos candidaturas desconocidas en la política onubense. Por un lado el recién creado Partido cristiano demócrata de Huelva, de Miguel Rueda, y por otro el ultraconservador Democracia Nacional. Si finalmente ambos se deciden hacer campaña –en precampaña su presencia apenas ha llegado a testimonial- y darse a conocer, la campaña podría ser algo más interesante.

Ah, que decía al principio que tenemos ocho candidaturas y sólo he hablado de cinco y mencionado otras dos –siete en total-. Bueno, es que hasta que alguien aprenda que hablar andaluz no es chapurrear mal el español, ni podré entenderle bien ni creo que resulte interesante. Lo siento.

Posted by Juan A. Sánchez at 14:14:14 | Permalink | No Comments »

Saturday, May 5, 2007

Tercer partido

Esta es, a mi juicio, una necesidad que tiene el sistema político español; una tercera fuerza política a nivel nacional que medie entre una izquierda y una derecha cada vez más enfrentadas, no pocas veces en estériles y artificiosas disputas que más recuerdan una discusión de patio de colegio que el sereno debate político que debiera ser.

Después de ver, en la lejanía por supuesto, lo ocurrido en Francia, donde la candidatura de Bayrou se ha aupado hasta el tercer puesto con un porcentaje de participación del electorado fantástico, bastante alto, desvaneciendo los fantasmas aparecidos en los comicios anteriores cuando el ultraderechista Le Pen llegó a disputar la segunda vuelta. Es como si la sociedad francesa hubiera reflexionado y hubiera querido aunar esfuerzos en un bien común.

Reitero que opino desde la lejanía, guiándome exclusivamente por los medios de comunicación, ya que no soy, ni mucho menos, un experto en Francia. Pero creo que lo que ocurre al norte de los Pirineos debería hacernos reflexionar de los españoles en lo que nuestro país necesita y se merece, y lo que no. Y dada la clase –yo más bien diría casta- política que tenemos –o padecemos- tanto en lado como del otro del espectro político, un tercer partido situado entre PP y PSOE y que pudiera actuar de árbitro o de apoyo, según lo requirieran las circunstancias, para facilitar a estos a la gobernabilidad y, ya puestos, acercarles a la España real. La España en la que un triste café cuesta más de ochenta céntimos y en la que hay gente que debe subsistir con poco más de trescientos euros al mes. Bueno, y a gobernar por sí mismo si el pueblo así lo manifestase en las urnas.

Claro, que otro modelo pudiera ser el del vecino y hermano Portugal, donde las fuerzas políticas representadas en su parlamento se pueden agrupar en cuatro facciones. Una izquierda moderada con el Partido Socialista (PS) por un lado y la derecha moderada con el Partido Social Demócrata (PSD) por el otro, ocupando ambos el centro político y siendo las fuerzas mayoritarias que se alternan en el poder. Y junto a estos, más a la izquierda del PS tres pequeñas fuerzas, comunistas, verdes y Bloque de Izquierdas; y más a la derecha del PSD el Partido Popular. No hay ningún partido político situado al centro actuando de mediador –y quizá no haga falta- porque las dos fuerzas políticas mayoritarias, PS y PSD ya comparten ese espacio y son los extremos los que “tiran” cada una hacia su lado a la fuerza mayoritaria afín. Por cierto, que también aquí que la información que dispongo no es de una erudición y una investigación profunda, sino de los datos ofrecidos por los medios de comunicación, a los que por cierto agradecería –y no sería el único- una mayor y mejor información de lo que pasa al otro lado de la “Raya”.

Esta situación, a simple vista, podría parecer viable aquí en España, con un PSOE a la izquierda seguido por IU en su extremo y a la derecha un PP, algo más moderado que el real, con otra fuerza a su derecha, no sé, una especia de Democracia Nacional (DN) pragmática o algo así. Pero no nos engañemos, Spain is different. Aquí la derecha, moderada y no, está agrupada en un mismo partido, el popular, en el que las voces que se dejan oír no siempre son las más proclives a la moderación. Además, en la izquierda, IU parece perdida irremediablemente en su utopía, mientras el PSOE de la mano de Rodríguez Zapatero va abandonando toda mesura. Para colmo, y aquí tenemos la mayor diferencia con nuestros vecinos, los nacionalismos periféricos, sobre todo el catalán y el vasco, se han erigido en moderadores de la política nacional en beneficio de sus regiones y, no pocas veces, en perjuicio del resto y/o del conjunto del estado. Parte de la culpa es del sistema electoral español, que beneficia a los pequeños partidos con alguna fuerza en unas pocas provincias y perjudica a pequeñas fuerzas de implantación nacional. Pero esto quizá será abordado en mejor ocasión.

Por todo ello, pienso, que en España hace falta una tercera fuerza política de implantación nacional que por un lado pudiera hacer frente al agobiante bipartidismo PSOE – PP,  y por el otro rebaje el excesivo papel de los nacionalismos.

Ahora parece que se pudiera abrir una vía a la esperanza –eso espero- que nos viene precisamente de una de las regiones donde el nacionalismo tiene más fuerza, Cataluña. Ya habrán adivinado que hablo de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (C’s). Una nueva fuerza política que nació para oponerse a los excesos de los nacionalistas en su tierra y se está extendiendo por el resto de España. Habrá que esperar acontecimientos. De momento parece que la cosa pinta bien y para estas municipales presentan dos listas más allá de Cataluña, en Salamanca y Alicante y a lo mejor también Sevilla. Pero se ve que quieren ser cautos y pacientes en su extensión fuera de su región de origen, lo que me parece bien, ya que intentarán que no lleguen a sus filas algunos no tan interesados en el proyecto de C’s como en el suyo propio. Aunque por mi parte, hubiera preferido un poco más de coraje en estas elecciones. Pero supongo que nadie mejor que ellos para saber los pasos que quieren y pueden dar. Espero que para 2008, que tenemos elecciones legislativas, puedan presentar listas, si no en todas, en la mayoría de las circunscripciones y logren tener grupo parlamentario en las Cortes. De ese modo podríamos ver si las esperanzas de más de uno estarán satisfechas o no.

Posted by Juan A. Sánchez at 02:07:01 | Permalink | No Comments »