La de todos

Acabamos de celebrar nuestra Fiesta Nacional, y lo hemos hecho de la peor manera posible, metidosen una absurda guerra de banderas. Algunos, posiblemente en le creencia de poseer alguna legitimidad superior de no sé que tipo, se han apresurado a lanzar llamadas a los ciudadanos para que salgan a celebrar esta fiesta con la bandera. No sé ustedes, pero a mi me dieron la impresión que estaban dándonos permiso para usar un símbolo que es de todos, como si fueran sólo los suyos.
Los símbolos nacionales como la bandera son, y deben ser, de todos. En cualquier país democrático y plural -y España lo es- se usan con toda naturalidad. Por toda Europa y América se usan las banderas sin la menor connotación peyorativa. Y sin embargo en España, por patrimonialismo de unos y dejadez de otros, es poco menos que imposible. Por desgracia, unos y otros están pervirtiendo su uso y disfrute.
Nunca he sentido necesidad de tener una bandera, no tengo siquiera una de esas que regalan de promoción del Recreativo. Pero ante este panorama, cada vez siento más la necesidad de autoreivindicarme como español, de lucir la bandera, una bandera que no sólo nos representa a todos, además simboliza la libertad e igualdad que disfrutamos en España desde hace treinta años, y que debemos procurar que sean muchísimos más.
Quizá por esto último hay cuatro majaras tratando de emponzoñar la convivencia no queriendo que la bandera española ondee en los edificios públicos, porque estos cuatro tarados no creen ni en la libertad ni en la igualdad, ni en la paz. Si pudieran, probablemente harían todo lo posible por recortarlas. Y es que para esos cuatro locos peligrosos, sus particularidades, por más basadas que estén en pequeñas peculiaridades y casualidades históricas, por más que quieran justificarlas en una visión sesgada y manipulada de la Historia, les hacen creerse con derecho para situarse por encima de los demás, sólo por ser de un determinado territorio, como si nacer acá o acullá pudiera dar más derechos.
Para su desgracia y la nuestra, están obcecados en que no todos somos hijos de Dios, o que los naturales de su terruño son más hijos que el resto, que debemos ser los primos. Y lo peor es que hay quien se lo cree (snif).