El adios a un amigo
Anteayer me sorprendió la triste noticia de mi amigo y maestro Antonio Cabezas. La verdad, no sé que decir de él. Por mi dejadez, sólo nos veíamos en verano, en Punta, más concretamente en su casita del Cerrito, cerca de la Iglesia de Lourdes, donde he tenido las mejores tertulias que recuerdo. Sus palabras siempre tenían sabiduría y calidez. Llegaban muy hondo, incluso cuando no estuviesemos de acuerdo en algo, que eran las menos veces, porque tenía la extraña capacidad de convencer sin mucho esfuerzo. Tal era la fortaleza de sus convicciones y la amabilidad de sus gestos y palabras.
Mi relación especial comenzó en un curso que la Universidad de Huelva organizó para aproximar al alumnadao a la cultura japonesa. él, que hacía poco tiempo qure había regresado a Huelva tras pasar cuarenta años de su vida en el país del sol naciente y participaba activamente en la organización de dicho curso, y yo era uno de tantos alumnos que se sentía atraido por los mangas que nos llegaban del Japón y deseaba conocer algo más de aquel fascinante país. Allí lo conocimos un grupo de alumnos e intercambiamos unas pocas palabras que me impresionaron por lo cercano que era, por lo llano y sencillo. Decía sentirse más a gusto con nosotros, la gente joven, que con los profesores, y se ganó nuestro afecto.
Al poco tiempo, un anuncio en un tablón anunciaba clases de japonés, y rápidamente llamé. Para mi sorpresa él iba a ser el profesor, y sin dudarlo tomé clases de esa lengua que me encanta y aprendí cosas de esa cultura, que me parece, aunque sea paradójico, cercana y extraña. Lo malo es que al estar yo empezando la carrera y por mi practicamente nula capacidad de organización, no pude aprovechar mis clases, no recordando prácticamente casi nada. ¡Lo que daría ahora por haber sabido aprovechar aquel tesoro que dejé escapar de entre los dedos!
De don Antonio nunca olvidaré su gran calidad humana y la calidez de sus palabras en todo momento, que reflejaban no sólo su gran sabiduría, sino también su calidad humana. Era un cristiano convencido, uno de los pocos, si no el único, al que de verdad le habían calado las enseñanzas del Nazareno. Pero a la vez su compromiso intelectual con este mundo, el que le tocó vivir.
En lo personal, espero poder conservar para siempre sus enseñanzas, no sólo de las cosas relacionadas con el Japón. Desde espe pequeño y humilde blog homenaje y reconocimiento para este gran hombre que nos dejó.
Un abrazo a su mujer, Cristina, y a sus hijos. Quedo a vuestra disposición.
Al poco tiempo, un anuncio en un tablón anunciaba clases de japonés, y rápidamente llamé. Para mi sorpresa él iba a ser el profesor, y sin dudarlo tomé clases de esa lengua que me encanta y aprendí cosas de esa cultura, que me parece, aunque sea paradójico, cercana y extraña. Lo malo es que al estar yo empezando la carrera y por mi practicamente nula capacidad de organización, no pude aprovechar mis clases, no recordando prácticamente casi nada. ¡Lo que daría ahora por haber sabido aprovechar aquel tesoro que dejé escapar de entre los dedos!
De don Antonio nunca olvidaré su gran calidad humana y la calidez de sus palabras en todo momento, que reflejaban no sólo su gran sabiduría, sino también su calidad humana. Era un cristiano convencido, uno de los pocos, si no el único, al que de verdad le habían calado las enseñanzas del Nazareno. Pero a la vez su compromiso intelectual con este mundo, el que le tocó vivir.
En lo personal, espero poder conservar para siempre sus enseñanzas, no sólo de las cosas relacionadas con el Japón. Desde espe pequeño y humilde blog homenaje y reconocimiento para este gran hombre que nos dejó.
Un abrazo a su mujer, Cristina, y a sus hijos. Quedo a vuestra disposición.
