Saturday, May 10, 2008

Sí, soy capillita

Y de los grandes, de los de libro. Soy un “Tonto de Capirote” tal y como retrata magistralmente Paco Robles en el libro así llamado.

Y es que me gusta la Semana Santa todo el año, flipo cuando un paso cambia el sobre los pies por un costero, alucino con un cortejo de nazarenos bien formado, entro en éxtasis al paso de una cofradía de silencio, cuando el ídem se hace sepulcral a su alrededor en estos tiempos tan bulliciosos y poco dados a la reflexión y a la meditación.

Y no tengo bastante con siete días, necesito toda una Cuaresma y pico previa y después buscar procesiones extraordinarias y de gloria, ir de besamanos. Veo videos de cofradías en la oscuridad de mi salita de estar quemando incienso, necesito comer torrijas de tanto en tanto, ya sea en Punta o entre polvorón y polvorón, y lo que es más grave, no puedo evitar pensar “ya queda menos para matarlo” cuando veo un portalito de Belén. Lo reconozco yo, como tantos otros, soy un caso perdido.

Y es que en vez de alegrarme me pongo melancólico el Domingo de Resurrección y hasta me pongo de mala leche cuando me felicitan la Pascua. Cuando miro por encima del ropero y veo allí, aparcado hasta que Él quiera, mi viejo capirote cogiendo polvo con el costal que lo ha sustituido unos años, siento un no sé qué por dentro. Ahora, por ejemplo, me vienen recuerdos de noches de invierno, cuando un grupo de amigos, de compañeros, sacamos a pasear unas estructuras de hierro (o madera, que para el caso es lo mismo) a la espera que se conviertan en pasos el Día, sí, el Día, el Día en mayúsculas, que siempre es radiante, luminoso, especial, único. El Día que la ciudad nos presta calles y plazas para gritar de ese modo tan especial lo que somos y lo que sentimos y se lo queremos contagiar a nuestros conciudadanos, y entonces nos dirigimos al corazón de la ciudad para allí renovar ese ritual en el que, entre otras cosas y como cada año, nos entregamos a ella, a nuestra ciudad, desde los barrios más cercanos o más lejanos, que eso da igual.

Sé que muchos no nos comprenden, que algunos nos critican y hasta unos pocos nos insultan. No voy a pedirles que se pongan de este lado, no serviría de nada. Pero como cada uno es como es, y en la tolerancia está la base de toda convivencia. Además, los pueblos han de seguir fieles a su legado, ya que los que carecen de tradiciones carecen de esencia, de alma, no se reconocen a si mismos, quizá por aquello de que quien ni mira a su pasado no es capaz de vivir el presente ni de preparar el futuro.

Y otra vez seremos los “capillitas” quienes veamos a otras usar y disfrutar de los espacios comunes que nos ofrece la ciudad, en manifestaciones y vivencias diversas, que a lo mejor ni comprendo ni entiendo. Pero a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga.

Para terminar, una frase a propósito de estos tiempos que nos han tocado vivir y que oí el otro día en televisión: “Si quieres ser global, primero habla de tu aldea”.

Posted by Juan A. Sánchez at 21:35:54 | Permalink | Comments (1) »