Entre los días 31 de julio al 4 de agosto se celebró en la Sede Iberoamericana Santa María de La Rábida de la Universidad Internacional de Andalucía, el curso magistral “El hecho religioso en la Educación Secundaria” a cargo del profesor d. de Alfredo Fierro, de la facultad de psicología de la Universidad de Málaga. En el mismo estudiamos, desde un angulo neutro, el hecho religioso desde diferentes puntos de vista, social, histórico, psicológico, y su papel en la Escuela, atendiendo a un debate social en plena vigencia en la actualidad y del que se podría decir que es una “asignatura pendiente” desde hace treinta años.
El punto fundamental de este debate y el que suscita las más enfrentadas posiciones es, din duda, no tanto la existencia o no de este tipo de enseñanza en la Escuela, sino el papel que la religión Católica debe jugar en esta. Estamos en un país en el que tradicionalmente la enseñanza religiosa, a asignatura de Religión, la ha venido desarrollando en exclusividad la Iglesia Católica, y en buena medida eso es así también hoy día, en una sociedad, la española, plenamente inmersa en una corriente desacralizadora que desde la Ilustración ha venido sacudiendo todo el occidente europeo y que ha llegado a nuestro país con un evidente retraso, y quizá por ello este debate ha adquirido una cierta “virulencia”.
Es este un debate ámplio a un problema que no tiene una fácil solución, ya que entran en juego posturas antagónicas. Por un lado la de aquellos que, en defensa de la laicidad en la Escuela, sobre todo en la Escuela Pública, aspiran a eliminar cualquier rastro de religión en las escuelas y en la Enseñanza, especialmente de la religión católica, al considerar a los elementos religiosos como subersivos y contrarios a los fundamentos de un estado laico, o aconfesional, como lo es España. Estos elementos olvidan que a lo que debe aspirar la Educación es a la formación integral del individuo en todos los planos, y que por lo tanto el reigioso -tan importante por otro lado en moral o cultura- ha de ser mostrado a los alumnos. En lo que sí que coincido en el analisis de este grupo es en la necesidad de “descatequetizar” la enseñanza obligatoria de religión, aunque discrepo en el énfasis que hacen respecto a la total eliminación de elementos religiosos -léase cristianos- de la Escuela Pública.
Discrepo en esta cuestión por dos razones. La primera es porque el cristianismo, por razones de sobra conocidas y que no vienen ahora al caso, ha estado omnipresente en la sociedad española, y los símbolos religiosos a el ligados están aun muy ligados a gran parte de la sociedad. No es que esté postulándome a favor de reintegrar los crucifijos a las escuelas, ni muchísimo menos. Pero tampoco veo la necesidad de forzar la eliminación de unos símbolos que han estado presentes y que cuentan -y mucho- para muchas personas, por lo que eliminar crucifijos o una imagen de particular devoción entre los miembros de la comunidad de creyentes de la localidad o barrio en donde está un colegio, antes de solucional un problema puede crear otro mayor. Otra cosa es colocar estos mismos símbolos en nuevas escuelas construidas a partir de la Constitución de 1978. Pero en aquellas que perviven d etrapas anteriores, como digo, considero que es un error.
El otro motivo por lo que discrepo con este sector de la sociedad española, es porque la Escuela Pública, en cuanto que es Pública, debe estar abierta, en la medida de las posibilidades, a todas las demandas y necesidaddes de la sociedad. Ojo, no quiere decir esto que se deba imponer una fe en el colegio. Como dijo Juan Pablo II, la fe no se impone, se propone. Ni tampoco digo que deba proponerse de un modo más o menos obligado o cohercitivo. Pero sí creo que sería posible, mediante los acuerdos oportunos, en un colegio público se pudieran desarrollar algunas actividades de carácter religioso dirigidas a aquellos alumnos cuyos padres lo dessen y sin
En el caso de la asignatura de religión, el problema que hay en España es que se enfoca como una materia confesional, ofertando como alternativa la asignatura de “Ética”, en la que se trataría de abordar temas morales desde un enfoque distinto al religioso. Pero en esta dualidad de opciones, creo, surge un problema. A mi juicio, con este planteamiento se está privando a los alumnos de una educación integral, que que se impide a unos y otros el conocimiento -más bien la enseñanza- de valores y/o aspectos que podrían serles de utilidad en sus vidas. Este problema, además, se va agravando a mi juicio con el hecho que la enseñanza religiosa tiene un carácter eminentemente confesional.
En mi opinión, la solución -aunque no dejo de reconocer que es un tanto utópica- es que la asignatura de religión no fuera confesional y además fuera obligatoria y puntuable, al igual que cualquier otra materia que se enseña en la Escuela. El contenido de esta asignatura debería abordar el papel que el Hecho Religioso ha jugado a lo largo de la Historia y el que aun juega en la sociedad contemporánea, sin olvidar los valores morales y éticos que encierra. En esta asignatura, además del cristianismo, se deberían estudiar aquellos credos de referencia en España y en Europa, desde las mitologías de la antigüedad hasta el Islam pasando, porqué no, por posiciones agnósticas y ateas, ya que estas, a su manera, también forman parte del Hecho Religioso.
Es esta una solución utópica, como decía, porque en un debate tan encendido como este no es fácil la propuesta, nás bien la aceptación, de medidas intermedias. Pero no sólo por eso es utópico, sino también porque no sería fácil la selección, por ejemplo, del personal docente que impartiera la asignatura, ya que los actuales profesores de religión, al menos los de religión Católica -que es el caso que conozco- son elegidos por las autoridades religiosas, no por los poderes públicos, en virtud de los acuerdos entre nuestro país y la Santa Sede, por lo que quizá no estuvieran del todo preparados para afrontar esta materia, y además, en caso de optarse por un nuevo cuerpo de profesores para impartir esta asignatura, a los actuales maestros de religión, ¿se les echaría, ses les reciclaría?. Y quizá el mayor problema en todo esto, ¿cuál sería la reacción de la Santa Sede respecto a esta vulneración del Concordato de 1978, estarían dispuestos a negociar uno nuevo que les quitara esta competencia tal y como están las posturas en la Conferencia Episcopal Española?.