Ahora que han pasado dos semanas desde Semana Santa, voy a hacer una crónica de la misma con la perspectiva del tiempo. Como cada año, también en 2006 acabó la Semana Santa. No es que este año haya pasado nada extraordinario respecto a las hermandades y cofradías onubenses. Pero también cuando algo acaba bien merece la pena ser resaltado.
Este año nos respetó un poco más la lluvia, después de varios años de lluvias, en 2006 sólo tuvimos de lamentar que no pudieran hacer su salida procesional las hermandades de Viernes Santo y el pequeño susto del Miércoles Santo, sin más incidente que el ver al Señor del Prendimiento enfundado en plásticos –por lo que pudiera pasar- durante unos minutos y una pequeña modificación del itinerario de regreso de la Victoria, que aunque podía haberse ahorrado, es mejor prevenir que curar. Además, gracias a la lluvia se pudieron contemplar las tres principales devociones de los onubenses –con permiso de nuestra patrona y protectora- bajo un mismo techo: Victoria, Esperanza y Nazareno.
Tras los prolegómenos de los Dolores, Sentencia y Santa Cruz, pudimos disfrutar de un magnífico Domingo de Ramos, con un cielo un tanto plomizo, pero que nos respetó. La Hermandad de la Borriquita iba pletórica, con el misterio terminado al fin –aunque seguimos echando en falta que se haya caído la imagen de San
Pedro del boceto inicial- y el espléndido palio de Nuestra Señora de los Ángeles, la Señorita de San Pedro, que lucía como siempre. Preciosa.
Por otro lado, desde el Polvorín nos llegó la Sana Cena, una hermandad llena de vida durante todo el año que sabe mostrarlo cuando sale a la calle cada año. Al igual que la benjamina hermandad de los Desamparados, que nos pone el contrapunto de silencio y austeridad que algunos echábamos en falta este día, completo con el señorío de la hermandad de los Mutilaos, la portentosa imagen del Señor de la Victoria despojado de sus vestiduras acompañado del blanco palio de la Paz, por fin con sus bambalinas laterales de malla, lo que le da un aspecto fantástico al conjunto.
Luego vino el Lunes Santo con sus tres cofradías –que ojalá fueran cuatro próximamente- Un barrio, la Hispanidad, volcado con su Cristo Cautivo y su Virgen de la Misericordia. Otro, la Huerta Mena, que espera la llegada de Jesús de las Penas y a su Madre del Amor como cada año tras subir la cuesta, para llegar al balcón donde Dolores,”La Pera” les rezaba cantando cada año. Entre ellas, el silencioso caminar penitente y franciscano del Calvario. Aquí María es Rocío y es Esperanza.
Martes Santo. Junto a la joven cofradía de la Lanzada, cuya titular mariana es reina indiscutible de su barrio cada Viernes de Dolores, procesionan dos de las cofradías más señeras de la ciudad, Estudiantes, devoción del barrio de San Sebastián y devoción universitaria, y Pasión, desde la mayor de San Pedro, que este año nos trajo la novedad de su hábito nazareno con la supresión del raso y la nueva capa en color morado sustituyendo la anterior verde. Sobre gustos no hay nada escrito, y personalmente no me desagrada que quisieran suprimir el verde de su hábito nazareno, aunque el resultado, la verdad, tampoco me termina de convencer. Pero si ese ha sido el deseo de su cabildo de hermanos, no queda más que acatarlo y respetarlo.
Como decía al principio, este año nos trajo un Miércoles Santo un tanto extraño. La lluvia nos dio un pequeño susto, aunque mejor eso que quedarnos sin cofradías como el año pasado. Y es que como dice un amigo mío que entiende un rato de cofradías, es muy raro que llueva un Miércoles Santo. Pero si lo hace, serán dos seguidos.
Este día está pasando poquito a poco de ser el día mariano por excelencia de Huelva, a ser el gran día de los misterios. Tres son los que procesionan este día en nuestra ciudad y cada cual mejor. El primero de ellos, el del Prendimiento, terminado este año a la espera de alguna reforma el año que viene, con resultado soberbio. Resulta impactante como a pesar de una escena compuesta de nueva imágenes, una, la del Cristo, se ve sólo, abandonado, y a la vez formando parte indispensable de la escena.
Desde el Corazón de Jesús nos llega el misterio de Jesús de la Humildad despreciado por Herodes, con un pequeño retoque en la disposición de sus figuras y con un nuevo exorno floral compuesto de rosas rojas, siendo del agrado de los onubenses. Un misterio clásico y muy elegante con un fabuloso acompañamiento musical, aunque quizá la cuadrilla de costaleros no debiera emocionarse tanto.
Y qué decir del misterio de la Expiración, un misterio clásico donde los haya, con un exorno floral, acompañamiento musical y trabajo costalero que estuvieron a la altura en todo momento, únicamente deslucido un tanto por la falta de coordinación para el cambio de itinerario de este año y que permitió que Nuestra Señora de la Esperanza pasará por la puerta de donde se encontraba su primitiva casa.
En cuanto al Jueves Santo y la Madrugá, apenas puedo decir nada. Pero algún inconveniente tenía que tener el ser del Perdón. Del Jueves sólo vi salir la Oración desde San Pedro –espero que por última vez- y lo poco que pude ver de la mía en la Madrugá, que no fue mucho. De Buena Muerte, Judíos, Misericordia y Nazareno sólo he visto lo que he visto por televisión o leído en la prensa, así que mejor no digo nada.
De la Oración, decir que es como cada año resultó una cofradía magnífica, con un juego de insignias soberbio, un paso de misterio majestuoso al que le iban muy bien los antiguos candelabros del paso del Señor de las Penas, novedad obligada e improvisada por el percance sufrido por sus candelabros en la mudá del paso. En cuanto al palio de los Dolores, qué decir que no se haya dicho ya, una verdadera joya, aunque está pidiendo a gritos una restauración para ayer.
Y así termino este comentario sobre la Semana Santa devuelva 2006. Espero que el año próximo pueda ampliarlo con los comentarios del Viernes Santo del que este año no puedo decir nada por la lluvia. En fin.